En la Floresta,
no parabamos de reír: había gelatina de mosaico en todas partes, hasta en tu cabello.
En un salón de clases,
«Me embriago de tu amor» —Señorita, ¿Alguna vez se ha puesto usted una buena peda? ¿Sabe lo que es una buena cruda? «No, yo no tomo» —¡Retírese! Tolero la mala poesía… Pero no las mentiras.
Durante el mundial,
un paquete llegó a mi casa. Una vuvuzela de oro con la «ley de hierro de las oligarquías» grabada en la bocina. Yo te la obsequié pero tú la rechazaste mal-pedo. —Las vuvuzelas están prohibidas y ya pasaron de moda —me dijiste—. Mal-pedo.
En la güeva,
esos puentes deberían dejar de ser metafóricos. Ellos cumplirían su función predilecta: unir personas de diferentes latitudes permitiéndoles llegar a lugares más lejanos, tal vez desconocidos. También aplica para los pueblos y naciones.
En un discurso en la facultad,
defendimos que una forma de escapar al decisionismo de nuestros tiempos sea no pensar a la libertad como algo placentero; pues si esto fuera así abundaría en todas partes; incluso en los anaqueles de productos milagro de los centros comerciales.
El pueblo sobrio,
es movimiento, biomasa escénica. Una embriaguez colectiva acordada. Una forma de reclamarse para [sí]. Acordes barrocos que suenan concentrando el poder en los compases que provocan los disparos. Después del protocolo impuesto lo pagano reclama su lugar y la razón, como las conciencias, adviene síntoma.
En el poema,
¡Esa Aorta andaba desatada! Era, cuando los suspiros hacían fumar al cuerpo, un inmenso extractor en la exhalación, una desaforada planta de desagüe en la salida. Pura sangre y amor sin destino. ¡Desaforada que andaba esa Aorta! Pero un día se hartó de hacer lo mismo, de que nadie la pelara. Terminó disculpándose con los otros órganos por haberlos mandado a chingar a su madre. ¡Pragmática esa Aorta!
El pueblo ebrio (San Judas y la Virgen),
es el que ofrenda / ‘ebrio’ / a Todos Los Santos / …todas sus penas
La crítica a un escritor infrarrealista,
posicionado por el miedo. Reivindicando la pobreza, pero “pendejeando” el fenómeno social en México que mejor la explica. Según él los pobres son pendejos por que quieren. Escritor de los pobres con mentalidad burguesa ¡Escribamos sobre la embriaguez, pero critiquemos el despilfarro económico como medio para llegar a ella! Hoja blanca del conservadurismo etílico. ¡Qué pavor ver los billetes borrándose en el fondo de una copa!
Fotografía: ‘Vampiro’, Miguel Juárez Figueroa, 2011
