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Tus ojos perfectamente lubricados
me recuerdan la mirada
del indígena de Zapotitlán de Méndez
imbuido en las llamas
del licor de caña.
El elixir había llevado la embriaguez
a su mirada.
¿Recuerdas lo que nos dijo?
Mi quelite mi refino y mi pozol.
yo me conmoví hasta casi el llanto:
y tú bebiste hasta el borde del incendio.
ii.
Me convences de algo,
cierva blanca:
la vida llega como el inevitable día;
por más que uno se empecine
en la noche de los relatos tristes.
El nuevo día me deslumbra
como el destello del filo de la navaja.
Pero vale la pena afrontarlo
si al final de la noche nos envuelve el aura
de Joseph Haydn y su concierto de trompeta;
si traducimos el arte de amar de Ovidio
en libretitas Ideal;
y sí jugamos a sellarnos
las máximas de Epícteto
en el pecho.
‘Under the Volcano’, Autor: Ray Lowry, 1999

…con estilógrafos verdes de paper mate
😉
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