El movimiento del vagón hace evidente
la danza de su figura.
Inevitable es voltear a cada rato
sin reparar en agudeza y disimulo.
Pronto me sabe: reorienta el ritual y sus rasgos
para verme, para cachar la mirada tímida
que pasa de sus cabellos negros a su rostro
y después a la lectura sin lectura ¿El libro al revés?
Coincidencias de miradas todo el camino
Centro Médico—Copilco:
el mismo destino.
Oportunidad.
Pero al salir, tenía que ser,
se aparece la otra,
elogiando el desinterés:
«¿Cómo estás?» «Bien—¿Y—tú?»
respuesta involuntaria de tantos.
Conservadurismo lingüístico,
el «Te—cuidas» de a diario.
Coyuntura perdida.
La figura ilusoria
compra una escalera —eléctrica— al cielo
y desde las alturas se percibe,
antes de que domine la multitud,
un «hasta pronto» dibujado en su sonrisa.
Imagen: ‘Women’, Michael Carson

AHÍ LA LLEVAS MUCHACHO…
POR CIERTO, SI CAMINAS COMO UNA PERSONA LIBRE; LAS MIRADAS CAERÁN SOBRE TÍ MÁS DE LO ACOSTUMBRADO
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Gracias Joel…
Pensemos que los que caminan como «personas libres» normalmente se erigen en profetas, buscan guiar a los demás por el camino que han descubierto como «verdadero». Olvidan sin embargo, como decía Rosset, que no hay ni ha habido verdaderos caminos. Todos son equívocos. Por lo tanto los profetas son aquellos que menos conocen el camino a seguir.
«Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo». Goethe
Saludos…
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